El diario de mi abuela

El diario de mi abuela ya no es más de ella. El puño que plasma la letra no sigue el trazo de su sueños ni de sus recuerdos.
No es más su voz, ni su pensamiento. Ahora lo dicta su tos, su reflujo, las horas lentas de sus silencios.
De las libretas glamorosas que tanto gustaba paso a un simple cuaderno de raya.
El registro de sus días es ahora una bitácora fría de síntomas y medicamentos: 8 am desayuno: dos cucharadas de arroz con leche. 10 am: Ibuprofeno- 10:15: orinó... Y sin embargo registra sus días, resguarda su paso, sus últimos tiempos en esta tierra. Y sin embargo registra su existencia.
Lo que a lo largo de su vida fuera uno de sus mayores placeres y un refugio de reflexión, se vuelto algo imposible. Mi abuela no ve, apenas tiene fuerza de levantarse dar unos pocos pasos, tomar breves tragos de agua, sentarse.
Soltar, perder, ceder, son los verbos que dictan la vejez.
Toda su sabiduría, cabe ahora en su mirada quieta sobre el reflejo en la ventana, se queda presa en el temblor de su mano, se escapa en un suspiro quedo a medio día.
El diario de mi abuela se cerrará un día... y ya desde ahora pienso ¿qué se quedo en el tintero?...


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